domingo, 5 de abril de 2009

El día que me fui




El día que me fui esta ciudad que ahora me acoge decidió ponerse nublada, no porque estuviera triste por mi marcha ni muchísimo menos, a mi me encantan los días nublados, lo que ella quería realmente era mostrarme que podía hacer las cosas mejor, que podía conseguir un día de los que a mí me gustan sin necesidad de irme a otro país que me los ofrezca todos los días.


El día que me iba mi ciudad me decía gritos que me quedara, que si yo quería incluso podía hacer que lloviera, las cosas cambian.


Cuando subí al avión me despedí en silencio, hasta pronto amiga, hasta pronto.

Cuando desperté en el avión después de un peqeño sueño una nueva ciudad me recibió mirando hacia otro lado, me enseñó un par de lugares curiosos, un par de miradas tan perdidas como la mía, un apretón de manos, una foto teñida de gris y gotas de lluvia heladas.


El horizonte de aquel mar era otro... la luna... el sol... lejos, muy lejos.

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